En Europa aumentan suicidios por crisis económica

En la víspera de Año Nuevo, Antonio Tamiozzo, de 53 años de edad, se ahorcó en la bodega de su empresa de construcción , después de que varios deudores no le pagaron lo que le debían.

Tres semanas antes, Giovanni Schiavon, un contratista de 59 años de edad agobiado por las deudas, se disparó en la cabeza en las oficinas centrales de su empresa de construcción en las afueras de Padua.

La crisis económica que ha sacudido a Europa durante los últimos tres años también ha destruido los cimientos de muchas vidas anteriormente sólidas, llevando a un repunte alarmante en la tasa de suicidios. Especialmente en las naciones más frágiles como Grecia, Irlanda e Italia, cada vez más pequeños empresarios se están quitando la vida en un fenómeno que algunos periódicos europeos han empezado a llamar ‘suicidio por crisis económica’.

Muchos, como Tamiozzo y Schiavon, han muerto en la oscuridad. Otros, como el desesperado pensionado de 77 años de edad que se dio un tiro frente al Parlamento griego el 4 de abril, han convertido su desesperación personal en dramáticas expresiones públicas de enojo contra los dirigentes que no han logrado mitigar los golpes de la crisis.

El panorama completo del fenómeno en Europa es elusivo, ya que algunos países se retrasan en la publicación de sus estadísticas y los jueces de instrucción se muestran reacios a clasificar las muertes como suicidios para proteger a los familiares sobrevivientes. Pero es evidente que los países en la línea del frente de la crisis económica están sufriendo lo peor, y que los suicidios entre hombres son los que registran mayor incremento.

En Grecia, la tasa de suicidios entre varones se elevó más de 24 por ciento de 2007 a 2009, según muestran las estadísticas gubernamentales. En Irlanda, en el mismo periodo, los suicidios entre varones aumentaron más de 16 por ciento. En Italia, los suicidios motivados por las dificultades económicas se incrementaron 52 por ciento, de 123 en 2005 a 187 en 2010.
Aunque los suicidios a menudo tienen diversas causas complejas, los investigadores han encontrado que la severa tensión económica coincide con tasas de suicidio elevadas.

“La crisis financiera pone en riesgo la vida de la gente común y corriente pero la situación es mucho más peligrosa cuando se hacen recortes radicales a la seguridad social”, dijo David Stuckler, sociólogo de la Universidad de Cambridge, quien encabezó un estudio publicado en The Lancet que encontró un fuerte incremento en el índice de suicidios en Europa, especialmente en países seriamente afectados como Grecia e Irlanda de 2007 a 2009, años que coincidieron con la crisis.

En Irlanda, el fenómeno ha estado relacionado con lo que algunos terapeutas llaman la depresión del Tigre Celta, el periodo posterior a 2008 que se caracterizó por una afluencia de pacientes masculinos de mediana edad que se quejaban de insomnio y falta de apetito como consecuencia del destructivo desplome del mercado inmobiliario del país.

En busca de respuestas, investigadores de la Fundación Nacional para la Investigación del Suicidio en Cork entrevistaron a parientes de 190 personas que se suicidaron en el Condado de Cork durante el turbulento periodo de 2008 a marzo de 2011.

Las víctimas eran predominantemente hombres, con una edad promedio de 36 años. Casi 40 por ciento estaban desempleados y 32 por ciento trabajaban en el sector de la construcción como plomeros, electricistas y albañiles, dijo Ella Arensman, directora de investigación de la Fundación. Por lo general, añadió, todos sufrían una constelación de problemas: dificultades financieras, desempleo, relaciones frustradas y soledad.

En toda Europa, los hombres son los más vulnerables, especialmente los solteros que solo cuentan con un frágil apoyo familiar y gubernamental, según Stuckler, sociólogo. El abuso de alcohol es un factor frecuente que contribuye al problema.
Los científicos sociales dicen que algunas naciones, como Suecia o Finlandia, lograron evitar que las tasas de suicidios se elevaran en épocas de crisis gracias a que invirtieron en proyectos dirigidos al mercado laboral —iniciativas para poner a la gente nuevamente de pie— en lugar de distribuir efectivo.

En las estaciones de servicio de la carretera que va a Dublín se han colocado carteles con números de emergencia para prevenir el suicidio, En Italia, las asociaciones empresariales y los sindicatos, en un raro despliegue de unidad nacional, dicen estar frustrados de que el problema no haya recibido mayor atención.

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