Las diez personas más ricas del planeta (#EE.UU, #México, #ArabiaSaudi)).

En la cultura del capitalismo, todo se dirime en términos de competencia. No la del fraterno amateurismo, sino la del profesional, la del más fuerte y se vale todo, la de Darwin (el pobre, en sus no calculadas derivaciones sociales). Por eso todo se jerarquiza en base a “triunfadores” y “perdedores”, y el mundo se llena de listados.

Cada año, “revistas especializadas” –especializadas en reproducir los valores del capitalismo–, determinan quienes son los más fuertes, los más hermosos, los más aptos. Los diez más atractivos de Hollywood, digamos, o los que más dinero ganan por película –que no son, necesariamente, los diez que lograron mejores actuaciones–, los que mejor se visten, los más influyentes o poderosos. La belleza, el poder, la aptitud, se miden en monedas de oro. La revista Time hace el listado de los cien más influyentes del año. Algunos son muy conocidos, otros no (algunos ni siquiera son realmente influyentes), pero para eso se publican sus nombres y sus fotos. La confección de cada lista es un arduo ejercicio de trabajo ideológico: si los Oscar premian una calidad que se adapta o sirve al mercado, los elegidos cada año son reconocidos por la extensión de un poder que sirve o traza la política. Muchas veces ni siquiera son un poder, pero sirven al poder. El más “importante” de los listados, el de los diez más ricos del planeta, lo confecciona la revista Forbes.
¿Qué inauditas posibilidades marcan la diferencia entre el mexicano Carlos Slim que posee un capital de 75 200 millones de dólares, número uno en el ranking, y el saudita Alwaleed bin Talal Al Saud que acumula “apenas” 28 700 millones de dólares y clasifica en el décimo puesto? Hombres y mujeres que individualmente poseen más dinero que naciones completas. De los diez primeros, cinco son estadounidenses. Pero algunos números son cínicos, por más que el calificativo no se avenga con las matemáticas: ¿cómo es posible que un ciudadano español, Amancio Ortega, haya incrementado su fortuna en 22 000 millones de dólares, hasta alcanzar los 57 500 millones y se sitúe como el tercer hombre más rico del mundo, precisamente en un año crítico para el Estado español, que está al borde de la bancarrota? El paro (desempleo) en España, según El País, supera el 25 por ciento de la población activa (en algunas provincias supera el 30 por ciento), lo que en cifras netas significa que 5 778 100 españoles carecen de empleo, ¿a quién representa y protege el gobierno de España, al magnate Amancio Ortega y al grupito de sus iguales, o al pueblo español? La fortuna de los cien más ricos del planeta asciende a 1,9 billones de dólares. De ese centenar de multimillonarios, solo 16 perdieron dinero en 2012, el año de la crisis económica. El mexicano Carlos Slim, el hombre más rico del mundo, vive en un país donde el 13, 3 por ciento de la población sobrevive en la indigencia y más de la mitad se encuentra en la pobreza. Si tomamos en cuenta que la población total del país es de 116 901 761 personas, alrededor de 59 millones de mexicanos son pobres o indigentes. ¿Qué puede hacer una sola persona con tanto dinero? Primero se trata de consumismo extremo; después, a esas alturas, se trata de Poder. Del verdadero Poder. Y en esa mesa se sientan cómodamente, sin conflictos ni enemistades, un estadounidense blanco, anglosajón y protestante y un saudita musulmán. Los dos darán la espalda a sus pueblos.
Los listados son escaparates de tiendas inaccesibles. Los lectores pasearán su vista sobre ellos, como hacen los miles de pobres que recorren los lujosos moll de sus ciudades cada domingo. Mirar, soñar, esperar que sobrevenga el milagro: un casamiento, un golpe de suerte de la ruleta, una herencia desconocida. ¿No fueron muchos de ellos niños pobres y buenos? La Cenicienta es el mito compensatorio del capitalismo. Los reproductores de valores no hacen listados negativos; digamos, las cien personas más pobres del planeta. ¡Tarea imposible! Cero dinero es un límite compartido por cientos de millones. Se podría, sin embargo, confeccionar otro tipo de listado positivo. Las cien personas más trabajadoras, por ejemplo. Imposible. No dudo que Bill Gates, segundo del ranking mundial con 62 700 millones sea un hombre muy trabajador, ¿pero y los mineros chilenos?, ¿y los millones de trabajadores deshumanizados que sobreviven en las ciudades y los campos, algunos que con mucha suerte son asalariados de magnates como Gates? Ah, propongo entonces que se elija a los cien más inteligentes, nadie duda que muchos de los más ricos lo son; pero, ¿y los científicos que trabajan para ellos?, ¿y los que no trabajan para nadie, porque no encuentran trabajo o subvención para sus ideas?, ¿y los inteligentes que hacen el mal?, ¿y los hombres y mujeres que no tuvieron acceso a los estudios y no pudieron desarrollar sus capacidades intelectuales? Los listados ideológicos de fin de año, persiguen distraernos de graves problemas. No es una pirámide social, es un iceberg: fuera del agua, ese pequeñísimo listado de “triunfadores”; bajo el agua, el resto de la humanidad.

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