Martí masón, un aspecto poco conocido del Apóstol.

José Martí es reconocido por todos los cubanos como aquel profesor de verbo encendido y oportuno con aires de revolución e independencia.Sin embargo, pocos saben de sus relaciones con las logias masónicas del siglo XIX, las cuales abrigaron sus palabras más ardientes.

Fuente: CubaSí

A lo largo de la historia muchos estudiosos de la personalidad del Héroe Nacional intentaron demostrar su filiación con la hermandad, pero pocos lograron evidenciar con certeza sus teorías.

Fermín Valdés Domínguez, amigo entrañable del Apóstol, fue el primero en mencionar el vínculo de Martí con la masonería. Sus declaraciones aparecen publicadas en mayo de 1908 en el periódico El Triunfo, y hablan del período en que el pensador cubano visitó España.

“Las noches en los días de tregua los dedicaba a los teatros o a la logia masónica, aquella logia -Armonía-, que presidía el general Pierrat o el músico notable Max Marchal, en la que Martí era el orador; lugar aquel en el que semanalmente se daban cita todos los cubanos jóvenes que estaban en Madrid (…)”.

Así se conoció inicialmente el vínculo del hijo de Leonor Pérez y Mariano Martí con las logias, hermanos de ideales y de mandil (insignia de la masonería).

Con el transcurso de los años varios historiadores asumieron la tarea de develar la relación entre la institución y el Apóstol, convirtiéndose ese tópico en uno de los más polémicos entre los investigadores cubanos.

Académicos como Enrique Gay Galbó, Emilio Roig y Eduardo Torres Cuevas, dedicaron su labor a desentrañar los misterios de la militancia fraternal del Maestro y, en la práctica, estos constituyeron los mayores suministradores de información recopilada.

Sin embargo, Cuba debió esperar hasta el siglo XXI para corroborar fielmente los hallazgos que, hasta el momento, habían sido inútiles.

Samuel Sánchez Gálvez, joven cienfueguero enfrascado en su tesis de doctorado sobre los orígenes de la masonería en la Isla, logró en 2007 aportar detalles definitivos sobre tema tan polemizado por historiadores e intelectuales en la Isla.

Con el descubrimiento de dos documentos importantes que contenían la firma y el nombre simbólico del Apóstol (Anahuac), concluía el amplio período de pesquisa.

“Como parte de mi doctorado sobre pensamiento masónico, debí revisar mil 500 actas y mil 200 expedientes de miembros, así como la papelería inédita de la Logia Fernandina de Jagua, en Cienfuegos”, significó Samuel Sánchez en entrevista concedida al periodista Julio Martínez Molina en 2010.

“Rastreé referencias en los archivos y, sobre todo, en los expedientes de cubanos y extranjeros que provenían de logias en España, fundamentalmente las adscritas a la congregación nombrada Gran Oriente Lusitano Unido (GOLU).

“Uno de esos hombres procedentes del exterior afiliado a las cofradías cienfuegueras a fines del siglo XIX, fue Amelio de Luis Vela de los Reyes, proveniente del GOLU”, especificó Sánchez Gálvez.

“Hallarle me permitió transitar por los caminos de su relación con el Apóstol y de Martí con la masonería; era hombre de ideas avanzadas y por ello recibió acusaciones de traidor por parte de las autoridades españolas.

“Solicitó entonces afiliación masónica en la Logia Fernandina de Jagua. Al ubicar, luego de varias búsquedas, el expediente de Amelio, comprobé que contenía la firma y el nombre simbólico del Maestro, Anahuac».

Este hallazgo suscitó el análisis de los documentos y la comparación caligráfica con otros escritos martianos originales. Luego de verificar su autenticidad, se aclararon varias sombras que desde hacía más de un siglo surgían alrededor de esta parte de la historia en la vida de José Martí.

«La investigación confirmó -aclara Sánchez Gálvez- que nuestro Héroe Nacional pertenecía a la Logia Caballeros Cruzados No. 62 y que en ella obtuvo el honor de Maestro Masón.

«Guiando a los amigos y desempeñándose como secretario de su hermandad, Martí transmitió a los masones de ideas esas proyecciones personales de independencia y soberanía».

Al despejar duda tan antigua como la de la pertenencia del Apóstol a esa cofradía, Samuel Sánchez Gálvez considera haber dejado una puerta abierta para el asomo de nuevas preguntas.

“Ya confirmado que nuestro Martí ciñó el mandil, se impone investigar su vida masónica, así como la relación entre su ideario y acción y el de las hermandades de su época”, expresó el académico sureño.

Lo cierto es que develar con profundidad cuestiones esenciales de la militancia del Apóstol en las logias de la hermandad, supone horas de trabajo y desvelo.

Al decir de Eduardo Torres Cuevas, el investigador e historiador, Samuel Sánchez abundó sobre la importancia de este descubrimiento que aporta más referencias sobre el pensamiento martiano y proporciona elementos para comprender en toda su magnitud los ideales de ese hombre.

«Similar a gran parte de los patriotas iniciadores de las luchas independentistas, él era masón», refirió Torres Cueva en el prólogo del libro de Sánchez Gálvez, titulado: Martí ciñó el mandil, publicado en 2007 por Ediciones Bachiller de la Biblioteca Nacional.

Agregó que el Apóstol siguió el ejemplo de hombres como Carlos Manuel de Céspedes y los hermanos cienfuegueros Federico y Adolfo Fernández Cavada.

Seguro es que desde Cienfuegos se arrojó el haz de luz definitivo; el descubrimiento que marcaría otro nuevo capítulo en la historia de la vida de nuestro gran pensador.

En el aniversario 160 de su natalicio, la Logia Fernandina de Jagua recuerda con agrado el momento en que Samuel Sánchez, desempolvando documentos y libros antiguos, abrió las puertas a un aspecto poco conocido del más universal de los cubanos.

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