¿Orgullo herido o corazón apachurrado?

Tomado de Cubahora.cu

Hace unos años, cuando un novio me dejó así sin más, mi mamá para consolarme me dijo una frase que jamás he olvidado: “Tú no estás tan triste, solo tienes el orgullo herido”…

16/07/2015
¿Orgullo herido o corazón apachurrado?
¿Orgullo o corazón herido (Cubahora)

Les confieso que en aquel momento aquello no fue un gran alivio, pero con el tiempo y algún que otro rechazo entendí de qué iba el asunto y la verdad es que me ha servido de mucho.

Desde entonces, cada vez que una amiga comienza a sufrir porque se siente rechazada le explico la filosofía de mi madre y le agrego un poco de mi cosecha.

 

La cuestión es que a las mujeres nos han enseñado que al menor pestañeo y risita sata los hombres caerán a nuestros pies porque ese es su rol y así funcionan las cosas. Supuestamente a ellos siempre les toca actuar, incluso cuando no estén interesados. Sé que para muchos esto ha sido un problema, aunque aparentemente se sientan muy cómodos en este papel. Pero como mi visión de las cuestiones sentimentales es femenina, prefiero encaminar el tema desde las mujeres y dejar la puerta abierta para que los varones opinen después.

Retomo el asunto por donde lo dejé. Comprendo que es frustrante que alguien ignore nuestras risitas y salticos coquetos, pero entiendo también que se trata de un círculo vicioso. Me explico, es frustrante porque no nos cabe en la cabeza que nos rechacen, y esta dificultad para asimilarlo se debe a que hemos crecido con la idea de que los hombres nunca dicen no. He escuchado historias sobre mujeres agraviadas que han circulado rumores de todo tipo acerca de hombres que no les han seguido el juego. Han llegado a decir desde que tienen problemas mentales hasta que son homosexuales.

Cuando no nos ríen la gracia nos da por acudir al viejo pitagoreo y a preguntarnos en voz alta: ¿Por qué no me hace caso si yo soy esto y aquello (enumeración de todas nuestras virtudes y atractivos)? Y muchas veces la respuesta es muy simple: él no está interesado. Ah, pero lidiar con el “no” es complejo. Para decirlo claro, nos pica y nos acompleja esta situación, nos sentimos vulnerables y hasta nos baja la autoestima.

Lo mismo nos pasa cuando un amante cualquiera dejó de llamarnos. Puede que nunca le hayamos prestado mucha atención a esta persona, pero desde el momento en que desaparece nos empieza a doler. Y caemos en un huequillo depresivo que ni nosotras mismas entendemos bien. Es entonces cuando hay que frenar en seco y pensar en la lógica del orgullo herido, porque no hay que andar llorando por gusto. Detectar cuándo se trata de orgullo herido no es tan complicado. Lo primero es soltar el pañuelo, quitar la carita de tristeza y hacernos estas preguntas: ¿En serio me gusta tanto? ¿Realmente la pasábamos tan bien juntos? Y si nos respondemos con sinceridad y resulta ser que no estábamos tan involucradas como creíamos, entonces a lavar el pañuelo y seguir adelante.

Les confieso que para mí todo esto es muy fácil si estoy en el rol de consejera, pero si trato de aplicarme esta lógica me cuesta mucho trabajo. No obstante, cuando lo he logrado me he evitado algunas tristezas innecesarias.

Creo al menos que he aprendido a discernir entre orgullos arañados y corazones partidos. Y ojalá hoy mi problema fuera el primero.

Toda la filosofía del orgullo herido se anula cuando el acto de desaparición lo ejecuta Mr. Big. ¿Qué hacer entonces? Para eso mi madre nunca me ha dado una fórmula. Me encantaría decirles cómo se toma distancia y se puede ver el problema con racionalidad, pero no tengo respuesta. La variable del amor altera el paradigma. El dolor, cuando tiene que ver con ciertos personajes, es aplastante e indiscutible. Tal vez por eso las amigas no encuentran cómo dar consuelo en estos casos y los pitagoreos son menos ruidosos, no hay mucho que decir. No descarto que junto a esta tristeza se cuele un hálito de ego maltrecho, pero aun deshaciéndose de este una se siente rota, sin sueño y le da por escribir de madrugada.

 

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