Escaneando el Paquete Semanal (II)

El paquete semanal ha tenido un gran impacto en las maneras de consumir audiovisuales en Cuba. Caricatura. Adán

Como ya hemos visto en el trabajo publicado ayer, el paquete semanal emerge en Cuba como alternativa ante las desfavorables circunstancias de dos medios de comunicación: la televisión y el internet. Donde existe un vacío de las instituciones surgen las propuestas privadas, que han aumentado luego de la legalización del trabajo por cuenta propia. Hoy, Cubadebate propone un análisis sobre el consumo de los audiovisuales difundidos por este medio alternativo y la influencia de los mismos en las instituciones culturales.

Estas circunstancias han reconfigurado la preferencia del público, provocando desplazamientos desde los medios tradicionales hacia las nuevas opciones para el consumo audiovisual. Dicha tendencia es un fenómeno global y en Cuba ocurre con sus propias particularidades.

El Paquete Semanal y la Televisión Cubana

Contrario a lo que se pueda pensar, la televisión no tiene un enemigo en el paquete de la semana, sino que éste es más más bien un catalizador para que nuestra TV se renueve. No obstante, mientras dicho proceso de actualización ocurre, la pequeña pantalla va perdiendo audiencia.

Estudios realizados desde las ciencias sociales demuestran cómo las personas disminuyen el consumo de televisión cubana, luego de acceder a productos audiovisuales por vías alternativas.

El paquete semanal no constituye una excepción, puesto que el 44 por ciento de los capitalinos que lo consume declara acercarse menos a la TV luego de comenzar a interactuar con este conglomerado de materiales. La mayoría de ellos alega que se debe a la poca calidad de la programación. Además, destacan al paquete como una mejor vía de entretenimiento con mayor diversidad de contenidos.

Esta preferencia por los medios alternativos en una parte de la población cubana, se explica según el periodista de Granma y crítico de cine, Rolando Pérez Betancourt, como una tendencia a evadir los contenidos con gran carga ideológica, como los que predominan en parte de los materiales producidos por el Instituto Cubano de Radio y Televisión: “la sociedad cubana ha cambiado mucho en los últimos 20 años, se ha desideologizado y una de las maneras en las que este fenómeno se manifiesta es en el rechazo a la televisión”.

Sobre las nuevas generaciones, la especialista en temas de juventud del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas (CIPS), Idania Rego, explica que es muy difícil para los jóvenes identificarse con los modelos propuestos desde los medios públicos, pues se basan en “épocas distantes en el tiempo”.

Las diferencias generacionales son significativas, la juventud de hoy se desenvuelve en otros contextos, se enfrentan a otros problemas. Entonces, es necesario crear estrategias comunicativas más cercanas a las contradicciones de los jóvenes y que logren movilizarlos con más eficacia.

Un criterio poco pertinente aplicado para regir la transmisión televisiva puede provocar el desaprovechamiento de materiales de calidad, que se “pierden” en horarios desfavorecidos. Sobre esta problemática, expresa Pérez Betancourt: “la televisión cubana les brinda a sus espectadores cine de gran calidad. Semanalmente se transmiten alrededor de 50 películas entre todos los canales, pero muchos de los buenos filmes están mal programados, se colocan en horarios muy incómodos para el espectador, incluso de madrugada”.

Además, no se debe limitar la transmisión de ciertos materiales de interés público, sino que es menester implantar una política más abierta y representativa.

Aun así, el conflicto no se limita sólo a determinadas restricciones en la oferta de la TV o a cierta tendencia hacia la desideologización en algunos sectores de la población cubana, sino que también implica realizar programas autóctonos atractivos y con los que el público se sienta identificado. Como afirma la reconocida intelectual  cubana, Graziella Pogolloti: “muchas personas de todas las edades ven la televisión porque no tienen otra alternativa. El trabajo del ICRT no es satisfactorio. En ocasiones la televisión se utiliza sólo como un ruido acompañante”.

También es importante recordar las limitaciones económicas de la TV nacional, así como las políticas que la rigen. Omar Olazábal, ex vicepresidente del ICRT, durante un debate en noviembre pasado, cuando todavía ocupaba ese cargo, expresó sobre la función social del Instituto que él representaba: “es muy simplista decir que la culpa la tiene la televisión cubana (…) el paquete está llenando esos nichos que nosotros como institución no debemos ocupar en la defensa de nuestra política cultural”.

De todos modos, la televisión tiene un mayor alcance que el paquete. Tal como lo confirma la encuesta nacional sobre consumo cultural realizada por el ICIC Juan Marinello: el 89 por ciento de los cubanos mayores de 15 años se acercan a la TV al menos una vez por semana.

En cuanto al paquete, la investigadora del CIS, Vanessa Márquez, aclara: “se ha sobrevalorado en la prensa, se le ha adjudicado una dimensión mayor de la que realmente tiene, porque existen muchas limitantes para su consumo, que a veces no se tienen en cuenta”.

Si bien, el alcance del paquete no atenta contra la supremacía de la TV como medio audiovisual con más audiencia, sí constituye un reto para las principales instituciones encargadas de producir y gestionar el audiovisual en la Isla. Estas entidades deben actualizar sus contenidos y considerar todavía más las necesidades del público.

Sobre la necesidad  de crear materiales audiovisuales cubanos que complazcan a la audiencia y además le traansmita valores, reflexion el asesor del Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, Abel Prieto: “hay una semilla que no deberíamos descuidar, que es la inclinación, la vocación por consumir lo nacional y esto constituye una ventaja”.

Podemos hacer programas competitivos, quizás sin la fastuosidad de los foráneos, pero con profundidad, con cierta exigencia intelectual que esté asociada al talento de la gente, al ingenio, al estudio, a la cultura general – añade el ex ministro de cultura, quien cita como ejemplo el trabajo realizado por Juan Padrón – se logró con Elpidio Valdés al poder competir con la industria de Disney, muchos niños cubanos prefieren Elpidio antes que Mickey Mouse”.

En conclusión, opina Abel Prieto: “podemos lograr materiales entretenidos que no tengan necesariamente que ser frívolos”.

El paquete como sustituto de internet

El paquete no puede sustituir todas las prestaciones de internet. Foto: Ladyrene Pérez / Cubadebate

En Cuba, según datos de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información, sólo 257 personas de cada mil habitantes tienen acceso a Internet. Dicha disponibilidad es además muy limitada desde el punto de vista tecnológico, pues la mayoría de las conexiones suelen tener una velocidad de descarga bien reducida.

Ante tales carencias, la población cubana busca alternativas para conectarse con la información que circula en la web y el paquete semanal ha sido considerado como una de ellas. El crítico de cine y televisión, Víctor Fowler, lo definió como “el internet de los pobres” y la frase se popularizó a través de varios medios, aunque el propio intelectual aclaró: “más que el internet de los pobres, el paquete es una sumatoria de propuestas que una persona común no tiene forma de adquirir y disfrutar”.

No obstante, las prestaciones de la red de redes trascienden la acumulación de contenidos. También posee sitios interactivos y es un medio de comunicación interpersonal. Precisamente es ésta última característica, una de las más importantes del ciberespacio.

Por ende, el paquete semanal no puede ser considerado como una alternativa a toda la web, sino a la parte relacionada con la descarga de materiales. “En mi caso – dice un estudiante universitario del reparto Ciudamar en San Miguel –, el paquete no suple internet, porque necesito ver sitios que me interesan y revisar el correo. Nada de eso lo tengo con el paquete”.

Si se reducen las facilidades de la red de redes a la descarga de determinados productos, entonces es posible catalogarlo como una alternativa a internet, pero la web es un medio con muchas más potencialidades.

“Creer que el paquete semanal es una alternativa a internet está relacionado con la mitificación de este tema – explica el especialista en nuevas tecnologías y profesor de la Universidad de La Habana, Pedro Urra – si reducimos internet a un medio para el consumo audiovisual, entonces pudiera decirse que el paquete es una alternativa a su carencia, pero esta red posee muchas más potencialidades que el consumo de audiovisuales. El paquete no puede resolver los problemas de interactividad y participación que puede ayudar a solucionar internet”.

Si bien es cierto que el paquete no puede suplir todas las prestaciones de la red de redes, muchas personas sí lo consideran su particular alternativa a la web. “Para mí el paquete es lo más cercano que tengo a internet, por lo menos con lo que viene cada semana me actualizo”, comenta un joven cuentapropista del municipio Plaza de la Revolución.

El paquete semanal es una vía más para entretenerse e informarse, y es la preferida de quienes pueden acceder a ella, pero no es del todo correcto catalogarlo como “el sustituto de internet”.

Ventajas y desventajas del paquete semanal

Panelistas en un debate sobre el paquete semanal en noviembre de 2014. Foto: Claudio Peláez Sordo

Cuatro son los beneficios que resaltan en este repositorio digital: cantidad y variedad de la información, flexibilidad en los horarios de consumo y facilidades para obtenerlo. Un Tera Byte de contenidos cada semana es imposible de consumir para cualquier mortal. Por tanto, quienes acceden a él, sienten la tranquilidad de escoger entre muchas opciones, que son además variadas. En dicha amalgama de contenidos los usuarios pueden encontrar desde tutoriales acerca de cómo usar determinado programa informático hasta el video más gracioso y/o sorprendente de la semana. La diversidad asegura el interés de todo tipo de público por este producto.

En tanto, las cuestiones relativas a su acceso ya fueron abordadas en el trabajo anterior y la flexibilidad en los horarios para consumir los materiales resalta al compararle con otros medios de programación más cerrada como la TV, el cine o la radio. En estos últimos, el público depende de una cartelera preestablecida y debe adaptarse a ella, mientras que con los contenidos del paquete, cada individuo puede hacerse su propia parrilla de consumo: qué ver y cuándo. Pero la elección de los productos siempre será limitada por lo que otros seleccionaron previamente para conformar el Tera Byte de la semana. En realidad, termina siendo no más que una falsa libertad de elección.

Por otro lado, como principales desventajas del paquete es posible señalar la inestabilidad de la oferta, que en ocasiones repite contenidos u omite otros que son de interés para algún público. “A veces falta el capítulo de la serie que estoy viendo y tengo que esperar a la otra semana”, enfatiza una sanmiguelina, asidua cliente de estos servicios.

Además de la irregularidad de los materiales, luego de una pesquisa en varios paquetes, es probable encontrar cierta desorganización en las carpetas que lo componen. Por ejemplo: películas argentinas dentro de una carpeta denominada: “filmes cubanos” o videos de un tema junto a otros archivos sin ninguna relación, y demás cuestiones que dificultan la búsqueda de los usuarios.

También es cierto que algunas películas son “copias de cine” y sus propiedades visuales afectan el disfrute del espectador, que en su mayoría las rechaza. Pero esto depende de cada matriz y sus reglas para incluir o no contenidos de baja resolución.

Ahora bien, la limitante más controversial es la referida a la “baja calidad” de los materiales. Por “calidad” se entiende valores artístico-culturales. ¿Los materiales del paquete poseen algún valor cultural? Como es lógico la respuesta es: depende.

Depende, fundamentalmente, de los gustos e intereses del consumidor. Para una peluquera, tutoriales sobre técnicas para amoldar el cabello son esenciales en su profesión, mientras que para un ingeniero hidráulico con alopecia no son más que puras banalidades. Para los seguidores del cine de autor, la última película de Ulrich Seidl es un tesoro, para quienes prefieren Hollywood, no más que un rato de aburrimiento. Varía en dependencia de lo que cada persona considere relevante para su vida y digno de admiración para sus sentidos, aunque puede haber excepciones.

“Creo que el paquete tiene ofertas atractivas y legítimas culturalmente, pero también tiene materiales muy mediocres”, opina Abel Prieto, quien señala entre lo mediocre a los reality shows y/o programas de talento que se dedican a exacerbar el morbo de la teleaudiencia y a promover “la frivolidad en escenarios fastuosos”. Y es cierto que algunos de los contenidos del paquete son prácticamente insalvables. Es muy difícil encontrar alguna “utilidad” o “valor cultural” en Caso cerrado o El show de Laura, más allá del entretenimiento fácil a costa de inmigrantes que cobran por maltratarse sobre un escenario y falsear problemas personales. No es que todos los programas de telerrealidad promuevan la desvergüenza, pero algunos son simple y llanamente crueles.

No obstante, el paquete de la semana, como medio de distribución audiovisual, tiene tantos beneficios e inconveniencias como cualquier otro medio de comunicación. Según explica el crítico de cine y profesor de la Facultad de Medios Audiovisuales del Instituto Superior de Arte, Gustavo Arcos: “el paquete tiene pros y contras como internet, como cualquier otro servicio donde haya todo tipo de información generada desde cualquier zona. En Internet te puedes encontrar cualquier tipo de iniciativa negativa para la sociedad y en el paquete pudiera ocurrir lo mismo. Podrías encontrarte determinados contenidos que no responden a los ideales de nuestra cultura”.

De las políticas culturales y la educación

Abel Prieto cree que el paquete no debe prohibirse.

Efectivamente, el centro del asunto no radica en la oferta, sino en el público. Es necesario preguntarse ¿qué escogen las personas dentro paquete? ¿por qué lo prefieren? Lo esencial – diría en este caso la zorra al Principito – es el consumidor. Por tanto, las políticas deben dirigirse a promover el raciocinio de los espectadores, a estimular el pensamiento perspicaz y reflexivo. El entretenimiento agudo.

Todo radica en la educación. La educación en sentido general, la recibida desde el hogar, la escuela y el resto de las instituciones culturales. Formar un espectador con mayor capacidad para el análisis y la selección de productos es el reto planteado.

No es tan importante lo que se consume cuando se poseen las habilidades adecuadas para comprenderlo. Porque “cada cual debe tener un momento para romper con los problemas cotidianos, por eso en ocasiones puede ser bueno consumir los productos llamados banales”, explica la Doctora en Ciencias Psicológicas y profesora de la Universidad de La Habana, Laura Domínguez.

El consumo cultural debe ser parecido a la dieta: balanceado. Aunque siempre teniendo presente que “el aspecto importante es que las personas sepan interpretar esos audiovisuales y tomar distancia con los modelos transmitidos”, como remarca Domínguez.

Ahora bien, no es necesario que otros medios “compitan” contra el paquete, sino que se centren en mejorar su trabajo y llegar al público. Tampoco sería inteligente prohibir el paquete, lo cual “sería ridículo y absurdo”, comenta Abel Prieto, quien añade: “con el desarrollo de las nuevas tecnologías prohibir es cada día una palabra más exótica”.

El paquete no es un medio dañino por sí solo, depende del uso que se le atribuya. Además, ha llegado para quedarse. Al menos no se vislumbra su fin a corto ni mediano plazo y quizás con un internet masificado en el país, no se extinga, sino que modifique sus servicios y se adapte a futuros contextos.

Prohibir y censurar son callejones sin salidas, mejor repensar lo que tenemos. Analizar nuestras políticas comunicacionales, educacionales y culturales en general, y actualizarlas. Porque en definitiva los tres ideales culturales que han guiado a la Revolución desde sus inicios y que mencionara el Comandante en Jefe, Fidel Castro Ruz, en su discurso Palabras a los intelectuales, siguen siendo válidos: participación popular, democratización de la cultura y libertad creativa.

“El principio general de las políticas culturales no tiene que cambiar, lo que tiene es que ajustarse a las nuevas realidades”, opina la reconocida intelectual, Graziella Pogolotti. Más allá de la presencia del paquete semanal, muchos de los medios cubanos de comunicación deberían actualizarse a los tiempos que corren.

Los medios y los audiovisuales no son dañinos o enriquecedores por sí solos, sino que dependen de la manera, más o menos activa, en que se consuman. El paquete semanal es sólo otro medio de comunicación más, alternativo y privado, y es cierto que esto puede resultar paradójico en un nación socialista, pero como explica Gustavo Arcos: “si se tiene una educación sólida con valores, responsabilidades, expectativas culturales e intereses bien definidos como ciudadanos, se pueden consumir todos los productos del paquete y seguir siendo un buen ciudadano”.

El paquete semanal es un reflejo de los tiempos que corren, de la popularización de las nuevas tecnologías en Cuba, de la eficacia de algunas iniciativas privadas, de la urgencia por actualizar las políticas culturales, de la necesidad de formar espectadores con mayores capacidades para la selección de productos audiovisuales y mejorar las propuestas de nuestras instituciones encargadas de la distribución y producción de los materiales que contiene el paquete.

Es un medio alternativo de gestión privada y tiene tantas ventajas y desventajas como cualquier otro. Por tanto, no se debe satanizar ni glorificar.

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