Celosos y celópatas: los que aman mal

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Si quiere saber por que te comportas tan inseguro en tu relación, deberías estudiar las causas que te provocan romper con la inmesa satisfacción de sentirte enamorada.

Los celos son una emoción (lt. emovere: mover, remover; turbación del ánimo), que puede llegar al grado de obsesión y de tormento y que, usualmente, se desencadenan frente al miedo a perder a la persona amada. El celoso identifica amor con posesión y, por extensión, con exclusividad. Los celos constituyen un mecanismo de control que pretende evitar esa pérdida, independientemente de si existen causas objetivas que motiven la inquietud. Según la psicología, los celos suelen darse en individuos dependientes y con una frágil autoestima y que reaccionan negativamente ante la posibilidad de lo que ellos consideran como un abandono. El celoso, ante todo, quiere una relación blindada.

 Normalmente, esta conducta mechada de exigencias, control y desconfianza produce el efecto contrario del que busca, es decir, la persona controlada suele sentirse presionada, absorbida y agotada por las exigencias del celoso y existen muchas posibilidades de que abandone o se queme en la relación. El celoso exige fidelidad incondicional, algo que ni remotamente él, en la mayoría de los casos, se halla en disposición de ofrecer. El celoso no vive ni deja vivir y nunca está totalmente satisfecho porque la inseguridad y el fantasma de la traición le embargan.

 La raíz de los celos, como de todas las emociones, se halla en la infancia que vertebra las pautas de la conducta y de los apegos (Luna), básicamente, porque el niño no es autónomo y para sobrevivir depende de sus padres, especialmente, de su madre, su fuente de nutrición a todo nivel. El niño también experimenta celos por diferentes causas, sobre todo por la aparición inquietante de intrusos, es decir, de nuevos hermanos, que le quitan protagonismo y pueden obligarle a renunciar a algunos privilegios. El celoso, como el niño, es egoísta porque reclama sacrificio y dedicación incondicional muy por encima del que él está dispuesto a asumir o a corresponder.

 En la infancia se configura nuestro marco emocional, se cristalizan las dependencias, los apegos y las primeras seguridades. Un niño bien amamantado es sinónimo de un niño confiado y seguro. Freud, afirmaba que el mayor era el triunfador de los hermanos. porque había tenido la exclusiva de la dedicación y el amor de su madre. En cualquier caso, la madre, es la primera referencia susceptible de apego que, con el tiempo, puede ser sustituida por la pareja.

 En cualquier caso, los celos son una emoción básica natural, una reacción de alerta que sólo deviene patológica cuando adquiere una intensidad incontrolable para el individuo que la sufre. Muchas personas interpretan los celos como una indicación de importancia, como una verificación de interés por la persona depositaria de los celos, que incluso puede llegar a sentirse halagada. En muchas ocasiones, sobre todo las mujeres, que entienden más de estrategias y de cómo dar celos que los hombres, se usan los celos para que el “otro” se defina. Para que existan celos debe existir un rival, cierto o imaginario, a partir del cual se establece una comparación, una competencia y un temor a ser reemplazado porque no se esté a la altura de la competición.

 En resumen, los celos están emparentados con la seguridad personal en la amplia acepción de la expresión. En términos astrológicos, es clara la conexión con el signo de Tauro y su regente Venus, afirmación que se corrobora por el hecho médicamente confirmado, de que es la glándula tiroides, situada en el cuello, o en la zona regida por Tauro, la mayor implicada en los celos patológicos. Las alteraciones hormonales de esta glándula, suelen ir acompañadas de cambios radicales de humor y de conducta que afectan a la disposición anímica y sexual y que suelen adoptar la forma de manías, obsesiones y neurosis. Igualmente, las manifestaciones somáticas son evidentes y afectan sobre todo a las cervicales, los genitales y el corazón.

 Para los antiguos el Amor es el principio y el origen de todas nuestras alteraciones y el compendio de todos los trastornos del alma, pues si deseamos gozar de lo que nos agrada, ya sea realmente hermoso o en apariencia, lo llamamos avidez o concupiscencia; si no podemos gozar de ello, es dolor y desesperación; si gozamos de la cosa deseada es considerado placer y voluptuosidad; si creemos poder alcanzarlo es esperanza, y si creemos perderlo del todo, o en parte, son celos. Plutarco afirmaba que si el amor no va acompañado de ciertos celos, no es activo ni eficaz. San Agustín afirmaba que el que no tiene celos no está enamorado, pero yo me quedo con lo que afirma el libriano de Antonio Gala: “los celos al amor le sientan bien”.

 Para los antiguos, el amor es un veneno que se engendraba en nuestro cuerpo o penetraba en él por la vista, y las mujeres son más frecuentemente atormentadas por estos males que los hombres. Según Galeno, todas las enfermedades toman su nombre de la parte enferma, en el caso de los celos, de la locura amorosa o de la melancolía erótica le denominaban erotomanía y tal como señala el poeta Eurípides, la hacen proceder de Venus porque precisamente el nombre de la diosa empieza con la palabra aphrodias- locura. Platón define a Venus como “hija de la sal o del mar” haciendo clara alusión a la virtud generativa de la sal el hecho que los peces sean los animales más fecundos y que la sal, por su calor y aspereza, incite a la lujuria a los que la consumen en cantidad exagerada.

 Según los filósofos morales y platónicos las causas del amor son 5, identificadas con los cinco sentidos naturales, que los poetas han identificado con las cinco saetas de Cupido y la astrología relaciona con los 5 planetas personales y a un nivel más práctico, representan las 5 fases que componen la estrategia del ritual del ligue o amatorio.

  • Mirar: Sol, Luna (fase doble)
  • Hablar: Mercurio
  • Acoplar: Venus (acoplamiento postural)
  • Actuar: Marte

Los celos presentan diferentes variantes:

  • Celos del pasado. Síndrome de Rebeca. Proceso de historización.
  • Celotipia, celópatas. Síndrome de Otelo. Son los celos patológicos, delirantes y las más de las veces agresores, de aquel que no necesita pruebas porque ya sustenta la convicción de que su pareja le engaña.
  • Complejo de Medea. Según la mitología Medea ayudó a Jasón a conquistar el vellocino de oro y luego se casó con él. Cuando fue repudiada por aquel, Medea mató a los hijos que había tenido con éste para vengarse del abandono.

 Consideraciones astrológicas:

 El temperamento será el primer indicador a valorar en el trastorno de los celos porque marca la forma de reaccionar ante el estímulo de los celos:

  • Activos (fuego/aire): vuelve a las personas atrevidas, inquietas y precipitadas en sus acciones. La constitución caliente y seca es la más propensa al amor y a las reacciones explosivas. El fuego no se conforma: lucha. Celos pasionales.
  • Pasivos (agua/tierra): Las hace tímidas, pesadas y taciturnas. La explosión de los celos es más interna que externa, angustiosa, depresiva.

Otros autores también hacen hincapié sobre todo en la conjunción entre Venus y Marte, asociándola a la melancolía erótica y al amor, pero en perjuicio propio. Es un aspecto que invita a las urgencias: “Lo que deseo, lo quiero ya”.

 No resulta extraño, que a la mujer Aries y a la Escorpio, se las considere de las más celosas, en tanto que les cuesta estar seguras de su feminidad (ambos signos están regidos por Marte, el planeta relacionado con la masculinidad). Una tortura que les lleva a creer con insistencia que su pareja, tarde o temprano, las abandonará por una mujer más femenina. La mujer Aries, por el hecho de tener a Libra en su casa 7 solar, está condicionada a que su feminidad debe ser reconocida por los demás, más que por ella misma. La escorpiniana, al tener a Libra en su casa 12 solar, considera la feminidad como un síntoma de debilidad.

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