Antonio Maceo

 Autor: Gncubana
Antonio Maceo y Grajales nació en Punta Brava, Santiago de Cuba el 14 de junio de 1845 y murió el 7 de diciembre de 1896 general cubano, segundo Jefe Militar del Ejército Libertador de Cuba. Apodado «El Titán de Bronce», Maceo fue uno de los líderes independentistas más destacados de la segunda mitad del siglo XIX en Iberoamérica.
Su carrera militar con el Ejército Libertador Cubano comenzó cuando su padre, junto a él y varios de sus hermanos, se unieron al alzamiento de Carlos Manuel de Céspedes como soldados. Por su valentía en el combate, sus habilidades estratégicas y su ejemplar disciplina ascendió por toda la escala militar del Ejército Mambí, desde el grado de sargento, obtenido tras su primer combate, hasta el del Mayor General, este último demorado por demasiado tiempo, a causa del racismo aún existente entre muchos


Civiles del gobierno de la República de Cuba en Armas.
A su preclara inteligencia y virtudes personales unía un excepcional vigor físico, en una estatura de más de seis pies, lo que le permitió, junto a sus excepcionales cualidades como combatiente, resistir y sobrevivir a 27 heridas, sumando las de bala y de arma blanca. Su fortaleza y coraje excepcionales le valieron el sobrenombre de «Titán de Bronce», que ha quedado hasta el día de hoy como el apelativo preferido de los cubanos para nombrar al prócer.
Antonio Maceo fue uno de los líderes cubanos que rechazó la firma del Pacto del Zanjón, que puso fin a la Guerra de los Diez Años. Él y algunos otros mambíes (soldados independentistas) se reunieron con Arsenio Martínez Campos el 15 de marzo de 1878 para discutir los términos de la paz, pero Maceo protestó estos términos porque no cumplían con ninguno de los objetivos de los independentistas: la abolición de la esclavitud y la independencia de Cuba. El único beneficio era la amnistía para los que habían luchado y la manumisión para los esclavos que habían peleado en el Ejército Libertador.
Maceo no reconoció este tratado y no se acogió a la amnistía. Este encuentro, considerado una de las páginas más dignas de la historia de Cuba, fue reconocido como «La Protesta de Baraguá». Como detalle anecdótico puede añadirse que a sus oídos llegaron tímidas propuestas de hacer una encerrona al general español, de reconocidas aptitudes militares y diplomáticas, para atentar contra su vida, pero las rechazó con tal energía que los «comunicadores» de la idea prácticamente huyeron de su campamento. Luego de respetar el tiempo de tregua para la entrevista (unos pocos días), Maceo reinició las hostilidades.
Partiendo de Mangos de Baraguá (lugar de la histórica protesta ante Martínez Campos), Maceo y Gómez, al mando de dos largas columnas mambisas, llevaron brillantemente la hazaña de la invasión militar del occidente de Cuba, llegando Maceo a Mantua a finales de 1896. Esta proeza estratégica la hicieron Maceo y Gómez luchando contra fuerzas numéricamente muy superiores (en ocasiones les quintuplicaban). Utilizando alternadamente tácticas de guerrillas y combates abiertos, agotaron al ejército español, que no pudo contener la Invasión a pesar de las dos sólidas Trochas Militares construidas para ello y la superioridad abrumadora en hombres y técnica militar.
Las ansias de independencia y la crueldad de la oficialidad española hicieron que los habitantes rurales del occidente respondieran con un entusiasta apoyo económico y en hombres para las tropas independentistas. Esto provocó la puesta en vigor del plan del Capitán General Español, Valeriano Weyler, para la Reconcentración de Weyler. En estos campos de concentración perdió la vida casi un tercio de la población rural del país. Al contrario de lo esperado por Weyler, la Reconcentración engrosó rápidamente las filas de los mambises, prefiriendo muchos campesinos una probable muerte en combate a una segura muerte por hambre.
En 1896, luego de reunirse con Gómez en La Habana, cruzando la Trocha de Mariel a Majana por la bahía del Mariel, retornó a tierras de Pinar del Río, donde sostuvo cruentos combates contra tropas numéricamente muy superiores, mandadas por generales españoles famosos por sus éxitos militares en África y las Filipinas y con artillería y las armas más modernas de infantería disponibles en la época.
Después de diezmar las tropas españolas contra él enviadas, volvió a cruzar la Trocha militar con vistas a marchar hacia Las Villas o Camagüey, donde planeaba reunirse con Gómez para planificar el curso ulterior de la guerra y con el gobierno para disminuir las diferencias entre el gobierno de Cuba en Armas (presidido por Salvador Cisneros Betancourt) y los altos mandos militares del Ejército Libertador, relacionadas con dos aspectos: los nombramientos de mandos militares intermedios y la beligerancia por las potencias extranjeras y la aceptación o no de ayuda militar directa.
Sus planes de reunión con Gómez y el gobierno en armas no llegaron a cumplirse. En las cercanías de Punta Brava, finca de San Pedro, Maceo avanzaba solamente acompañado de su escolta personal (dos hombres), el médico de su Estado Mayor, el Brigadier General José Miró Argenter y una pequeña tropa de no más de 20 hombres. Cuando intentaban cortar una cerca para continuar la marcha, fueron detectados por una fuerte columna española, que abrió un intenso fuego. Al lograr cortar una parte de la cerca y decir «¡Esto va bien!», Maceo fue alcanzado por dos disparos: uno en el torso, no grave, y otro que luego de quebrarle la mandíbula le penetró en el cráneo.
Sus compañeros no pudieron transportarle y huyeron, y junto a él quedó solamente el Teniente Francisco Gómez Toro, hijo de Máximo Gómez, quien voluntariamente enfrentó a la columna española dirigida por el comandante Cirujeda para proteger el cadáver del general. Luego de ser herido de bala varias veces, los españoles lo remataron a machetazos, dejando los dos cuerpos abandonados, sin saber la identidad de los caídos.Los cadáveres de Maceo y Panchito fueron recogidos al día siguiente por el Coronel habanero Aranguren, quien al saber lo ocurrido se dirigió de inmediato al lugar. Luego fueron enterrados en secreto en la finca de dos hermanos, quienes juraron guardar el secreto hasta que Cuba fuese libre e independiente y pudieran llevarse a cabo los honores fúnebres y militares correspondientes.
Actualmente, los restos mortales de Antonio Maceo y Grajales y Francisco Gómez Toro descansan en el monumento del Cacahual, cercano a los límites de la antigua finca de San Pedro, y es lugar de peregrinación de los cubanos.

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