20 de mayo y la verdadera historia.

Hace hoy 117 años que, luego de la intervención de las tropas norteamericanas en la guerra de independencia de Cuba contra España y de la derrota de las fuerzas coloniales, el gobierno de los EEUU accedió a retirar sus tropas y permitir la instauración de una República «independiente», no sin antes imponernos una enmienda en la Constitución, con una Ley aprobada por el Congreso de los EEUU, que les dejaba las manos libres para intervenir militarmente en Cuba, cada vez que sus intereses estuvieran en peligro o cada vez que les viniera en ganas.

Esa espada de Damocles estuvo pendientes sobre nuestras cabezas hasta 1934, en que EEUU cambió las técnicas de intervención y continuó con la penetración económica y financiera que había comenzado, incluso antes de la Guerra Hispano-cubana donde ellos «metieron la cuchareta» sin ser invitados. Nuestra verdadera independencia, después de muchos años de lucha, se logró a partir del primero de enero de 1959, cuando las tropas del Ejercito Rebelde, lideradas por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, con el apoyo de otras fuerzas revolucionarias que luchaban en las montañas y de los combatientes clandestinos que lo hacían en las ciudades, derrocaron contundentemente a la Tiranía de Batista y entonces fuimos verdaderamente libres e independientes. La historia es la historia, los hechos ocurrieron así; pero hoy no tenemos nada que honrar. Nuestra celebración verdadera la dejamos para el 1ro de enero fecha en que, en 1959, hace 60 años, «luminosamente surgió la mañana y se fueron las sombras» y la bandera de la estrella solitaria, el triangulo rojo y las franjas azules y blancas, ondeó señorialmente en el morro y en todos los rincones de Cuba, «sin que venga un rufián cualquiera a mancillarla…, porque como bien dijo Bonifacio Byrne: «Si desecha en menudos pedazos, llega a ser mi bandera algún día, nuestros muertos alzando los brazos, la sabrán defender todavía». Los seguidores de Martí, de Maceo, de Mella, de Guiteras, de Camilo, de Almeida, de Raúl, de Fidel y de todos los héroes y mártires sagrados de la patria, incondicionalmente agradecidos, seguiremos manteniendo firmes en nuestras manos la bandera tricolor y defenderemos nuestras conquistas con nuestro trabajo y con la disposición de «anegar el polvo de nuestra tierra, con la sangre de los que no perezcan en el intento de apoderarse de Cuba».

Colaboración de: Jacinto Bermúdez

 

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