Puente hacia tu infancia: Merenguitos.

El merengue, suspiro o meringue  es un tipo de postre, hecho con clara de huevo batida y azúcar, a los que se le puede añadir aromatizantes, o vainilla, avellana o almendras. Son muy ligeros y dulces y una vez hechos suelen ser usados como relleno de pasteles o, en su versión italiana, de tartas.

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Propuestas para endulzar el alma con sabor a Cuba.

El arroz con leche es un postre típico de la gastronomía de múltiples países hecho cociendo lentamente arroz con leche y azúcar. Se sirve frío o caliente. Se le suele espolvorear canela, vainilla o cáscara de limón para aromatizarlo.

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Una ensalada «atrapacorazones»

Ingredientes:

4 zanahorias

medio paquete pequeño de aceitunas sin hueso

1 berenjena mediana

3 ajíes pimientos verdes

1 tomate grande

dados de queso (la cantidad según el gusto del consumidor)

vinagre, aceite y sal a gusto

Tomado de Granma

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Chiviricos de coco.

Hoy le proponemos la receta de un delicioso postre de fácil elaboración casera.

Ingredientes:

1 taza de harina

1 taza de coco seco rallado

2 cucharadas de mantequilla o manteca

2 cucharadas de leche, preferiblemente de coco

2 cucharaditas de azúcar

1 ½ de polvo para hornear o bicarbonato

2 yemas de huevos

1 pizca de sal

Preparación:

Ciérnase la harina junto con el polvo para hornear, el azúcar y la sal. Añádase el coco rallado y la mantequilla, incorporándose bien con un tenedor. Agréguense las yemas de huevos batidas y la leche de coco para hacer una masa suave. Cuando esté lista la masa, extiéndase con el rodillo y córtese en tiras de 2 ½ centímetros de ancho por 5 de largo o de manera triangular. Fríanse en abundante manteca caliente o aceite vegetal hasta que se doren. Se obtienen 18 chiviricos, que se pueden espolvorear con azúcar o canela al gusto.

¿Quieres aprender a cocinar como las auténticas ‘Mammas’ italianas?

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¿Quieres aprender a cocinar como las auténticas ‘Mammas’ italianas?

Una apetecible novedad editorial (su fecha de publicación es el 17 de octubre) que permitirá al lector descubrir los secretos de la gastronomía del país transalpino, con platos de toda la vida, así como recetas más creativas, reinterpretadas con espíritu creativo y desenfadado.

Además, este recetario incluye información práctica relacionada con técnicas de cocinado (desde cómo cocer correctamente la pasta, hasta cómo elaborar unos buenos gnocchis o una irresistible salsa de tomate), y nos ofrece también un recorrido a través de los ingredientes más característicos e imprescindibles de la despensa italiana. ¿Cuántos serías capaz de enumerar a bote pronto? Estos son solo algunos de los ‘básicos’ que nos propone el libro:

-QUESO. El queso es un ingrediente que casi siempre está presente en los platos italianos. Ya sea pizza, pasta, risotto o cualquier otra deliciosa elaboración, el queso siempre es un denominador común. Son varios los quesos autóctonos, y cada uno combinará mejor con unos platos u otros. Entre los más conocidos están:

Gorgonzola: es el queso azul emblemático del norte de Italia, de la región de Lombardía. Se puede utilizar para un sinfín de recetas: da lugar a salsas muy cremosas para la pasta y se funde de una manera fantástica para la pizza.

Parmesano: se elabora en una zona geográfica concreta situada en los alrededores de Parma. ¡Y no es una casualidad que se elabore en una región famosa también por sus jamones! Aquí hay un viento fresco proveniente de los Apeninos que barre el llano durante todo el año, purificando y renovando el aire. Ese viento favorece el proceso de curado de los alimentos. Por eso se curan allí los jamones (de Parma) y el queso (parmesano).

Burrata: es una bolsa de pasta hilada que contiene pedazos de mozzarella rotos y nata. Si se consume bien fresca y a temperatura ambiente, con un poco de aceite y pimienta solamente, es una explosión gustativa, cargada de untuosidad.

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-AJO. Aparte de sus beneficios, el ajo siempre da un sabor buenísimo a los platos, pero hay quien lo rechaza porque da mal aliento y se digiere mal. ¡Que no cunda el pánico! Para que esto no ocurra hay que quitar el germen, ese pedúnculo verde que está en su corazón. No hay que quemarlo nunca en la sartén y… no hay que confundir un diente con una cabeza. ¡Todo en su justa medida!

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-BRESAOLA. La bresaola es una carne de buey cruda aderezada con sal, pimienta y hierbas aromáticas que luego se seca y se deja curar durante unos meses. El resultado es una carne magra y cruda muy sabrosa. Combina muy bien con espinacas tiernas o con rúcula y con toda clase de frutos secos.

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-VINAGRE DE MÓDENA. Hay que procurar usar los vinagres que llevan la mención aceto balsámico di Modena, de Denominación de Origen Protegida. La reglamentación exige una mezcla de mosto de uva (20 % como mínimo) y de vinagre de vino, y un envejecimiento de entre 4 y 15 años. Resulta ideal para las ensaladas.

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-TRUFA. La regla de oro para usar la trufa con éxito es la sencillez. Combina muy bien con pastas y huevos. Y si queremos un aderezo sublime, mezclamos aceite de oliva con trufa en una botella, dejamos que repose una semana y… a disfrutar. La más famosa (y cara) es la trufa blanca de Alba (procedente del Piamonte).

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-PIMIENTA. Hay infinidad de recetas en las que se utiliza pimienta sin prestarle la atención que merece. Hay que comprar, por lo menos, una negra, una gris y una blanca, y en grano (¡nunca ya molida!). Se elige oliéndola; si ‘huele bien’ es que es buena. No hay que complicarse más. La negra es idónea para las salsas carbonara; la gris, para el pescado; y la blanca, para las ensaladas.

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-GUINDILLA. Peperoncino en italiano, la guindilla es muy rica en vitamina C y posee incluso virtudes antioxidantes. Es el ingrediente más habitual para la preparación de la famosa salsa picante ‘Arrabbiata’ que acompaña algunos platos de pasta. Si introducimos guindilla seca en una botella de aceite de oliva conseguiremos aromatizarlo y obtener un aceite picante fabuloso.

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-ALCAPARRAS Y ANCHOAS. En los armarios de toda cocina italiana que se precie nunca faltan las alcaparras y las anchoas. Las primeras se usan siempre que queramos aportar un toque fresco y acidulado. Las anchoas se toman tanto en conserva como frescas. Una idea para disfrutar de éstas últimas: una vez limpios, poner a marinar los filetes de las anchoas en un lugar fresco con jugo de limón, un buen aceite de oliva, sal, pimienta y hierbas aromáticas. El resultado… ¡simplemente delicioso!

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PECHUGAS DE POLLO RELLENAS DE JAMON Y QUESO

Pechugas de pollo rellenas de jamon y queso

 

PECHUGAS DE POLLO RELLENAS DE JAMON Y QUESO

 

Las pechugas de pollo rellenas de jamon y queso, también conocidas como cordon bleu o San Jacobos, son algo más que las típicas pechugas rebozadas. En su interior, guarda una grata sorpresa en forma de jamón cocido y queso derretido. Para hacerlas, necesitaremos dos filetes de pechuga de pollo por persona, una rodaja de jamón york, otra de queso y poco más. Muy pocos ingredientes. Veamos detalladamente la elaboración de las pechugas de pollo rellenas de jamón y queso.

 

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Sabor y tradición de la cocina cubana. Tamales

13 Ingredientes

1/4 taza de aceite de oliva para freír
1 1/2lb de carne de cerdo para estofado, cortada en trozos pequeños
1 cebolla grande, picada finamente
1 pimiento rojo grande, picado
5 dientes de ajo, picados
1 lata pequeña (8 oz) de salsa de tomate
Sal y pimienta, al gusto
3 tazas de maíz molido, fresco o congelado
3/4 taza de mantequilla
2 1/2 tazas de masa harina
2 1/2 tazas de caldo de pollo
24 a 32 vainas de maíz (cáscaras)
Agua para hervir
Tamales Cubanos

  • 1 En una sartén, agrega aceite y comienza a freír el cerdo para que suelte la grasa en la sartén.
  • 2 En la misma sartén con la grasa del cerdo, prepara un sofrito con la cebolla y el pimiento rojo a fuego medio, revolviendo ocasionalmente hasta que las cebollas estén translúcidas. Agrega ajo y continúa friendo a fuego de bajo a medio durante dos a tres minutos. Añade salsa de tomate y cocina a fuego bajo durante aproximadamente 10 minutos, hasta que la carne esté completamente cocida. Agrega sal y pimienta al gusto.
  • 3 Mientras la carne se cocina a fuego lento, procesa los granos de maíz con la mantequilla en un mortero o en un procesador de alimentos hasta que tengas una consistencia densa con trocitos. Agrega la mezcla de maíz a la masa harina y al caldo de pollo. Añade sal y pimienta al gusto.
  • 4 Agrega la mezcla de masa con la mezcla de carne y revuelve hasta que estén bien combinadas, agregando sal según sea necesario.
  • 5 Usa dos vainas de maíz por tamal, doblando cada uno de la manera tradicional.
  • 6 Pon una olla grande hasta la mitad de agua. Hierve tus tamales hasta que al introducir un tenedor este salga limpio, aproximadamente entre una hora y una hora y media.