Celia Sánchez: La flor autóctona de #Cuba y la Revolución.

Celia Sánchez Manduley constituye hoy la genuina representación de la mujer cubana.Flor entre flores es un ejemplo  fiel de la labor de las mujeres en la construcción de la Revolución.Hoy en el aniversario de su muerte, está viva y presente en los corazones y el sentir de todos los cubanos.Su delicadeza,ternura,constancia en su obra y vida además de su eterna belleza, nos hace ver que en cada mariposa( su flor predilecta) se puede esconder la esencia que moviliza y hace resurgir toda una nación.Generación te invita a conocer más de ella.

Junto a su padre vindicó al Apóstol en el año de su centenario colocando en la cresta del pico Turquino el busto de Martí, que desde allí oteaba el horizonte como reclamando la conclusión de su obra.

Ella no sabía que ese mismo año, en Santiago, un centenar de jóvenes iniciarían el intento de reivindicarlo, inmolándose en el cuartel Moncada. Tampoco imaginó que volvería a aquella cúspide acompañando al líder de los moncadistas, vestida de verde olivo, como primera guerrillera con un fusil colgado en su tierno hombro de mujer.

Con el humanismo que heredó de su padre y la sensibilidad de la madre, organizó con los nombres de Norma, Aly, Carmen, Liliana o Caridad, la base de apoyo del incipiente movimiento guerrillero, creciendo ella misma con el vigor incontenible de esa fuerza y convirtiéndose en la sencilla e insustituible Celia, con cuyo nombre la ha eternizado nuestro pueblo. No en balde, Armando Hart afirmó en su oración fúnebre que «será imposible escribir la historia de Fidel Castro sin reflejar a la vez la vida de Celia».

Muchas obras aún conservan su impronta, en la belleza de los detalles que sugería a arquitectos e ingenieros, que luego las hacían suyas. El Parque Lenin, la Casa de los Cosmonautas o el Palacio de las Convenciones, lo atestiguan.

Como acertadamente dijera su colaboradora Nelsy Babiel, «estaba en todo y no aparecía en nada; evadía las entrevistas para evitar que se resaltara su obra. Su maternal preocupación por cada compañero, por cada familia campesina, en los días de la lucha guerrillera, se extendió, tras la victoria, a su pueblo. Todos confiaban en ella y ninguno fue defraudado».

Con su flor predilecta, la mariposa, adornando a veces su cabello o entre los dedos, como mujer delicada y tierna que era, estaba atenta y alerta a todo.

 

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